Roberto Carlos al revés
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(Por Ignacio Fidanza*).- La suerte electoral del gobierno de Milei se define en Washington, en la delgada línea roja que une la Casa Blanca con las oficinas del FMI en la 19 Street.
La presidenta del organismo, Kristalina Georgieva, es muy consciente de esta situación que le está exigiendo extremar sus dotes políticas. De un lado tiene a la línea técnica del Fondo -‘the building’, el edificio, como ella los llama-, y del otro a Trump.
El staff del Fondo no quiere entregarle miles de millones de dólares a Toto Caputo para que se los gaste en intervenciones para sostener el dólar pisado. Por eso, exige acordar un camino de normalización del frente cambiario que como primer paso hacia la libre flotación, podría establecer un sistema de bandas.
Como el acuerdo se demora por la resistencia de Milei a aceptar este requisito, el atraso cambiario se agrava y lo mismo pasa con las bandas, es decir la devaluación. A principios de año la banda baja estaba en 1300 y ahora el organismo quiere un dólar que flote entre 1400 y 1700 pesos, antes de habilitar las intervenciones del Banco Central.
En público, Georgieva cubre de elogios a Milei, pero en privado el acuerdo se demora, mientras se filtran «trascendidos» de los principales bancos de Wall Street que confirman los pedidos de devaluación del organismo, que Caputo, sus funcionarios y algunos entusiastas del pequeño mercado argentino, niegan como loros. Es entendible, es gente que está haciendo plata con la fiesta financiera y no quiere que le apaguen las luces.
Kristalina tiene muy claras las inconsistencias del programa económico de Milei, que además están a la vista: el modelo no logra acumular reservas al ritmo necesario para sostener el actual tipo de cambio y pagar sus compromisos. Pero la titular del FMI tiene que maniobrar ante las presiones de la Casa Blanca para que le dé un acuerdo a su obediente aliado sudamericano.
Por eso, inició una ronda de encuentros con actores del sistema económico argentino, que son muy reveladores. Días atrás recibió a una delegación de sindicalistas encabezada por el líder de la Uocra, Gerardo Martínez. En esa reunión fue sincera: «Tenemos presiones políticas para firmar el acuerdo con Argentina, pero el problema es que se tienen que acercar más a lo que exigen en este edificio», les dijo.
Es increíble como se repite la historia. El staff técnico del organismo ya se quemó con la Argentina por el fallido préstamo que Trump obligó a darle a la Argentina en la presidencia de Macri. Muchos perdieron su trabajo y ahora no son pocos los que se resisten a firmar un cheque en blanco, que es básicamente lo que pide Milei, subido al caballo del ajuste fiscal más impresionante de la historia de la humanidad, desde el Neanderthal a hoy.
La resolución de este tema será entonces la que defina la suerte electoral del gobierno: si Milei logra que le suelten 15 mil millones de dólares sin devaluar llegará cómodo a octubre. Si devalúa pierde el único éxito nítido de su gobierno: la estabilidad.
¿Hay vida en el medio? Sí. Caputo puede intentar una suerte de stand by hasta octubre al estilo de los que negociaba Massa, para que le refinancien algunos vencimientos. Y después de las elecciones hacer lo que hay que hacer -devaluar-, como hizo el ex ministro después de las PASO. La ventaja del gobierno es que ahora no hay PASO. ¿Aguantan hasta entonces? No lo sabemos, pero es imposible jugar a la política sin esperanza, igual que en el mercado.
En le medio, por supuesto, pasan cosas. El gobierno sigue dinamitando todos los puentes del sistema de poder que lo ayudó a llegar a la Casa Rosada, confiado que la crisis de liderazgo del peronismo nunca se resolverá. Milei no es el primero que se juega un pleno a esa ficha envenenada.
Semanas atrás un periodista muy importante logró sentar a Javier Milei con Julio Saguier, el dueño del diario La Nación. El Presidente lo esperó con una lista de los periodistas que tenía que echar. Fueron cuarenta minutos de escuchar barbaridades.
Se trató de un aporte impensado de Milei al periodismo. Desde ese encuentro, La Nación se volvió un diario mucho más interesante, no hay más que seguir con atención su extraordinaria cobertura del caso Libra.
Pero claro, el Presidente no cree que la moderación sea parte del arte de gobernar. Luego de chocar con La Nación decidió abrir otro frente con Clarín.
El gobierno había apostado a que un grupo que incluía a Mindlin y los Werthein se quedara con Telefónica. Pero Héctor Magnetto les ganó con un argumento imbatible: ofreció más plata y firmó los cheques.
Furioso, Milei anunció que buscará impugnar la operación porque se acaba de crear un monopolio, que esta vez no es austríaco y por consiguiente hay que combatirlo. Y no solo eso: los hombres de Santiago Caputo en ARCA -ex AFIP- recibieron la orden de poner bajo el microscopio el patrimonio de los directivos del grupo. ¿Será por eso que el titular del organismo, Juan Pazo, amenazó con renunciar?
Zorro viejo, el mexicano Carlos Slim se bajó de la pelea con un argumento contundente: «No tenemos llegada al gobierno de Milei como para pasar los filtros regulatorios, si nos quedamos con Telefonica».
Milei quiso jugar a ser Néstor Kirchner y fracasó. Por segunda vez Santiago Caputo lo arrastró a una pelea empresaria de alto vuelo y perdió. La primera fue la Hidrovía, que además le terminó de chocar la relación con Macri. Sumó así a la pelea con el ex presdiente a Saguier y Magnetto. Y ya venía cruzado con Paolo Rocca. Como un Roberto Carlos al revés, Milei no para de convertir amigos en enemigos. Algunos muy poderosos.
Macri es muchas cosas, pero nunca fue cobarde ni chupamedias. Y juega a otro nivel.
Mientras Santiago Caputo se dedicaba a molestarlo con sus trolls, en la elegante calle Pearl del sur de Manhattan, donde su ubican las oficinas de la jueza Loretta Preska, ingresaba una demanda que pedía a la jueza que lleva el caso YPF que investigue la ruta de coimas y fraude detrás del ingreso de los Esquenazi a la petrolera, en el gobierno de los Kirchner.
Parece un tiro al Kirchnerismo, pero el verdadero blanco es Milei. Veamos.
La jueza Preska ordenó pagar al fondo Burford, que «compró» el juicio a la familia Eskenazi, una indemnización del 16 mil millones de dólares. Y el gobierno de Milei vio una oportunidad de negocios más fabulosa que la cripto de Hayden Davis.
Cerraba por todos lados: Mientras se castigaba la maldita herencia de Axel Kicillof, se ponía en marcha el pago. Saquen sus cuentas: ¿Cuánto es el uno por ciento de 16 mil millones de dólares? ¿Y el dos, el tres, el cuatro?
Quién debe tener el número a mano es Gerardo «Gerry» Matos, un ex directivo del HSBC, que organizó los primeros contactos de Milei con Wall Street cuando todavía era candidato. Este banquero es mencionado por estas horas como el hombre del gobierno que está negociando con Burford los términos del pago.
No parece casual que el procurador Rodolfo Barra, que le había dado continuidad a la defensa argentina en esta causa, haya volado por el aire justo cuando empezaron a surgir los rumores de la intención del gobierno libertario de pagar. No parece casualidad que el reemplazante de Barra, Santiago Castro Videla, sea socio de Alberto Bianchi, abogado de Burford.
El problema de este grupo es que la jueza Preska dio vista a la denuncia presentada por el grupo Republican Action for Argentina (RAFA), que pide bloquear el pago a Burford porque sería convalidar una monumental estafa. «Macri se equivocó, le quiso tirar a Milei y por ahí termina beneficiando a la Argentina», bromeaba un empresario que conoce bien el caso.
En efecto, se trata de un hilo que puede resultar incómodo para los Kirchner, pero también para gente muy a cercana a Santiago Caputo que tiene vínculo directo con los Eskenazi.
Notable como una vez más la suerte del gobierno de Milei parece decidirse en su admirado Estados Unidos, solo que en este caso y el de Libra, en sus tribunales, mucho menos permeables que Comodoro Py a un llamado de la Casa Rosada.
Así, mientras la lluvia ácida cae sobre la administración libertaria, Macri empieza a analizar seriamente presentar en las próximas elecciones una versión remozada de Cambiemos. Hoy parece casi imposible, pero ya se sabe que la Argentina es ese país donde meses son años.
*Fundador y director de La Política Online.